Siendo objetivos con Mama Olla

by · noviembre 22, 2014

Siempre imaginé que Mama Olla era el típico sitio que se aprovecha de su excelente ubicación (en pleno pasaje Tarata en Miraflores) para servir cualquier cosa a turistas e incautos en general. Por eso cada vez que caminaba por Tarata y sus insistentes mozos trataban de hacernos entrar, tenía que reprimir las ganas de decirles “¡jamás!”. Pero como dicen, nunca digas nunca, el domingo me propusieron ir dos personas que ya lo habían probado, así que decidí aceptar la recomendación y acabar con mi prejuicio.

La carta estaba bastante interesante así que nos tomamos nuestro tiempo para escoger tres platos de fondo (los platos se veían grandes, así que no queríamos entrada). Sin embargo el insisteeeeente mozo se salió con la suya y nos obligó a pedir un cebiche de pescado para compartir.

Primero llegó la chicha morada, estaba buenísima. Luego apareció el cebiche, fresco y perfectamente sazonado, con la cantidad justa de culantro… ¡me estaba dando cuenta de que este sitio valía la pena! Encima de eso, los platos que se veían ir y venir a otras mesas lucían muy bien y un grupo de turistas agradecía y elogiaba al mozo mientras les retiraba los platos.

Los segundos de mis acompañantes fueron pescado a lo macho y lomo en salsa de sauco con pastel de papa a la crema de hongos. Yo escogí atún teriyaki con puré al wasabi, intrigadísima por saber cómo el sabor del wasabi impregnaría el puré de papa. El atún lo pedí “a la inglesa” porque ya lo he probado así en otros sitios y es una delicia.

Llegaron los segundos: el pescado a lo macho se veía muy bien y el sabor no decepcionó. La carne estaba buena y la combinación de pastel de papa con los hongos, rica.

El atún estaba totalmente cocido cuando llegó, pero bastó mencionárselo al mozo para que lo cambie. Al rato apareció con el plato cambiado, el pescado esta vez estaba sellado y crudo por dentro, pero el panorama no había cambiado mucho. Era un filete delgado y simplón, no esos trozos gruesos en los que el atún realmente se luce. Estaba el pobre ahogándose en un montón de salsa teriyaki recién salida del frasco, concentrada y empalagosa. Ni las semillas de ajonjolí que le habían espolvoreado lo salvaban. El misterioso puré al wasabi que tanto me intrigaba resultó ser la misma porción de puré que venía en el pescado a lo macho pero con una bolita de wasabi AL COSTADO. Y el puré en sí era tan insípido que parecía de caja….
Si hacer atún teriyaki es freír pescado y echarle salsa de un frasco cuando está en el plato, y servir puré “al wasabi” es poner una bola de wasabi al costado del puré… bueno, ¡qué fácil es poner un restaurante!

La atención merecería un texto aparte, pero les daré unos ejemplos para que se den una idea. El mozo fue atento y zalamero. Al comienzo su actitud nos llamó la atención y le seguimos el juego riéndonos, pero luego se volvió pesada e incómoda. Cuando dije que nos obligó a pedir el cebiche no estaba exagerando. (Quiso hacer lo mismo con el pisco sour, al comienzo y final de la comida) Muchos mozos recomiendan platos, y eso está muy bien, pero lo que este señor hacía no era normal. Antes que nos fuéramos se aseguró (y lo hizo con otras mesas que atendió) de darnos el detalle de sus horarios de trabajo para ser atendidas por él mismo. (¡No estoy inventado!)

La verdad es que me gustaría volver por el cebiche y la chicha morada, que me sorprendieron gratamente, pero sería irresponsable recomendar un sitio en el que son capaces de chorrear una salsa tal cual sale del frasco y pretender que eso es cocinar algo “al teriyaki”. Si van, la menos ya saben qué no pedir.

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