Cafecito con los amigos en el Tentempié de la Abuela
Después de un almuerzo con algunos amigos, decidimos prolongar la conversación en un café. Fuimos a una esquinita que ya nos había llamado la atención antes.
Pedimos unos cortados, estaban bien ricos. Para los muy exigentes en temas de café, vamos a ser lo más exactos posibles: un café rico por encima del promedio. (Traducción para los que no son tan exigentes: mucho mejor que el de la cadena gringa de tu preferencia.)
Aunque habíamos almorzado bastante, los postres no dejaban de hacernos ojitos, así que decidimos «probar un poquito entre todos» para no sentirnos tan cerditos. El brownie se veía riquísimo y fue nuestra primera víctima. Estaba muy bueno. La segunda víctima fue el pye de limón, muy muy rico, talvez una pizca empalagoso (pero no se les culpa porque el exceso de dulce es muy limeño).
Pero volvamos al local y al por qué nos llamó la atención desde aquella vez que pasamos. El lugar, que tiene una sola mesa larga tipo de comedor (de abuela), ha sido decorado salpicándolo de detalles vintage y «abuelezcos». Cosas llamativas, curiosas y bonitas. No se pierdan, por ejemplo, la lámpara de secadora de peluquería (para hacer memoria, imaginen sentada a la mamá de Mafalda). Otro detalle que me encantó fue el de las cremas volteadas hechas en mini moldes personales pero con hueco al medio, iguales a los grandes.
El café lo sirven en unos vasos coquetamente adornados con su logo, se ve muy bien. Y está muy bien para llevar. Pero creemos que iría mucho mejor con el romanticismo y la nostalgia, que todo lo que no sea para llevar se sirva en tazas de verdad. Por la nostalgia… pero también por la contaminación, abuelita, no te pongas tan moderna con tus vasos descartables.
En resumen un sitio lindo, lleno de detalles pensados con cariño, de cosas ricas, buen café y precios razonables. Definitivamente como para volver.
Ah, y también hacen delivery por la zona (me pregunto si la abuelita repartirá en bicicleta…).





