>Almorzando en Shehadi
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| El local |
A veces cuando comento con los amigos que la vida del gourmet trucho es sacrificada, no me creen, se burlan y hasta ironizan al respecto. Pero el hecho de arriesgarse, a buscar sitios nuevos y sazones distintas, expone a uno a sufrir ciertas desazones (aunque hasta ahora pocas debo confesar).
Lamentablemente este almuerzo entra en esa categoría, así que no mequeda otra que empezar por lo malo. Siempre pasaba por el Shehadi (Diagonal Nº220) y veia su cartél de menu a 12.90 y me daba curiosidad; así que hoy decidí entrar y probar su cocina. Debo decir que el local es muy bonito y desde afuera parece mucho más chico de lo que realmente es.
Me senté en una de las mesas que está en las afueras para aprovechar el bonito sol que salió el día de hoy y esperé a ser atendido. Apareció una señorita que gentilmente me trajo la carta principal a lo que yo le solicité la de menues; su cara pasó de sonrisa a mueca, primera desazón, y tuve que esperar a una segunda señorita quien me trajo la carta solicitada y es cuando comenzó el show del horror: me di con la sorpresa que el precio de S/.12.90 era solamente el precio del plato de fondo, y lo que era aun más grave es que era el precio de inicio, es decir el más barato. Segunda desazón.
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| El chupe de albóndiga |
Como no soy de esos tipos impulsivos que busca hacer problemas, y como ya estaba sentado en un sitio bonito me dije: «Bueno, hoy tendré un almuerzo caro». Así que procedí ahacer mis elecciones que fueron de entrada un chupe de albondigas, que estaba S/. 3.00, y de fondo un lomo saltado con espaguetis a la huancaína.
El «chupe de albóndigas» se convirtió en «chupe de albóndiga», nótese el paso a singular, porque solo había una, al costado de la arveja que fácil la pusieron encima de la coronta de choclo para que la notara. El chupe llegó tibio (algo que no me agrada mucho en las sopas) y llamó mi atencion que estuviera más tibio la superficie que el fondo por lo que asumo, que fue calentado en microondas. Tercera y cuarta desazón.
Algo que me gusta del chupe son los tres sabores característicos: el de la leche, el del huacatay y el de las habas. Aquí lo primero que sentí fue la leche, y un sabor que me pareció interesante: el del queso ahumado. Quinta desazón y primera buena sorpresa.
La chica que me atendía llegó presurosa con la chicha que venía incluida en el menú, la cual tenía el sabor característico de las que son de sobre. Para una persona como yo, que la chicha morada es algo así como la sangre de Dios, es decir sagrada, que en un restaurante que se precie me presente chicha de sobre es casi una mentada de madre. Sexta desazón.
Para cuando terminé mi sopa y ya pensaba en dejar todo para irme a otro lado me trajeron el lomo saltado con espaguetis el cual de vista se veía lindo; pero no todo lo que brilla es oro decía mi bisabuela. Me llamó la atención el intenso color amarillo de los espaguetis, y al probarlos mi miedo se hizo realidad : habían usado la salsa huancaína de una conocida marca, y la habían adelgazado con un poco de crema de leche. Séptima desazón.
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| Lomo saltado con espaguetis a la huancaína |
Cuando pedí el fondo la señorita que me atendía me preguntó como me gustaría mi carne, a lo que yo respondí de la única forma que sé comer el lomo, termino medio. El lomo saltado que me trajeron tenía dos posibilidades: o me tocó un cocinero bipolar para quien los terminos medios no existen o nunca les importó mi pedido. Octava desazón.
Ni bien terminé mi plato, pedí la cuenta, la cuál se demoraron largos 13 minutos en traer y partí raudo a comprar un agua que me quite tanto sabor artificial que tenía en la boca. Creo que no tengo que resumirles nada, no?.
PD. Es probable que haya tenido la mala suerte de escoger los platos que no son su especialidad, pero algo que si no me parece para nada correcto es el uso de publicidad engañosa. En fin, mañana será otro día



