>almuerzo en "El Parquetito"

by · octubre 11, 2011

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El bisteck a lo pobre
Cuando era niño recuerdo mucho que me llamaba la atención el vestuario de los mozos de «El Parquetito», que por esos tiempos era algo raro en un restaurante en pleno corazón de Miraflores allá por los turbulentos años 80s. 
Mi papá, el que me preparó para ser todo un gourmet  trucho, siempre que pasábamos y le pedía entrar a comer usaba un término que entendí mucho después : «comida de turista»; y al final terminaba con la duda sobre el significado de la dichosa frase.
Hoy por hoy es un local muy atractivo y concurrido, generalmente por turistas de diferentes nacionalidades, en medio del parque Central de Miraflores con una importante mezzanine y un cerco vivo de chifleras hacia el lado por donde pasan los carros, con  mesitas  pulcramente vestidas, toldos naranjas y porta velas en cada mesa, lo que lo convierte en el sitio ideal para una cita amorosa o como para disfrutar la comida con una excelente vista.  Los pintorescos chalecos  de los mozos dan su toque étnico al decorado, y la atención de estos es agradable.
El vaso de chicha
En cuanto llegué, me entregaron la carta la cual pasé a revisar y todos sin excepción eran platos sencillos, con traducción y  los precios, eso sí, un poco altos.  Cuando el mozo vino a tomar mi órden le pregunté cuál era la especialidad de la casa, a lo que respondió que eran todos los platos de cocina peruana.  Me dije a mí mismo que la única forma de no tener pierde era pidiendo un plato que nunca tiene pierde: el bisteck a lo pobre, de beber un vaso de chicha morada.
Hasta ahí todo bien.  Es más, se iba a convertir en un día un poco caro, pero perfecto al final de cuentas, si no hubiese llegado lo que llegó.  Lo primero que me alcanzaron fue el vaso de chicha coquetamente decorado con una rodaja de limón y un sorbete; de sabor bueno, la clásica chicha preparada con canela aunque para mi gusto le faltaba el limón para que sea fantástica.
Ya con la mesa dispuesta solo faltaba el invitado de fondo  para y ya se me andaba haciendo agua la boca.  Llegó un plato que parecía una tapa de olla de lo grande que era.  Todo era perfecto; hasta que intenté cortar la carne la cual estaba dura y colmo estaba totalmente cocinada,  no como yo la
había pedido.  Las papas fritas eran la clásica papa de fast food, es decir esa marca canadiense tan común endichos restaurantes que solo sirve si estás comiendo comida chatarra.  Del arroz no voy hablar porque erá tan poquito que fue como si no hubiera, y la «ensalada», las comillas no son casualidad, consistía en 2 rodajas de tomate incatom con una hoja de lechuga sin una pizca de aliño.

La disposición de la mesa

 Vinieron a mi cabeza las aquellas palabras que de niño me dijo mi padre, he imagino que donde esté debe estar riéndose mucho al leer este post.  Ojalá que también lo lean los señores de «El Parquetito» y dejen en el pasado esa cultura de la «comida de turista», la que se aprovecha del tipo cambiario y las diferencias coyunturales para cobrar más por algo que no lo merece, y la que nos aleja tanto del rótulo de ventana gastronómica que estamos obligados a ser.


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