>almorzando en el restaurante "Santa Catalina"
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| El tallarín saltado |
Como comenté en una publicación anterior, ando aprovechando la hora de almuerzo para que le hagan reparaciones a mi querido auto. Es así que hoy, debido a la búsqueda incesante de repuestos, terminé almorzando en un sitio que solía frecuentar más seguido años atrás cuando era un joven buen mozo intentando aprender las artes de un Gourmet trucho.
Este lugar solía ser uno de los pocos sitios cerca a los diferentes lugares que he trabajado donde podía comer bastante bien por un costo absolutamente razonable, sobretodo que cuando eres alguien que estudia y trabaja solo un adjetivo califica a tu hambre: voracidad absoluta.
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| La foto referencia |
Así que rememorando el pasado, regresé a aquel lugar que tantos recuerdos me traía y era como si el tiempo no hubiese pasado, porque sigue tal cual lo dejé hace más de 12 años atrás. Recuerdo que por esos tiempos era considerado como uno de los sitios donde preparaban el mejor caldo de gallina y fue, en su tiempo, uno de los primeros 24 horas que habían. Tengo pendiente una publicación sobre tan dichoso plato, que la haré en su momento, hoy hablaré sobre el que para mí es su mejor plato: el tallarín saltado.
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| Tallarín saltado en detalle |
Solo hay una palabra para definirlo: Grande. Ese tallarín saltado solía ser lo más rico que podía comer por S/. 8.00, hoy por hoy cuesta S/12.50. Recuerdo que una vez fui con unos amigos después de una noche de juerga, y así como hoy recordando lo andado, nos fuimos a comer ahí. Uno de mis amigos que era el dueño de un restaurante, al ver el tamaño del plato y lo bien despachado que estaba, renegaba y decía que era imposible que sirvan tanto por tan poco, y creo que le malogré la noche porque nunca dejó de repetirlo. Hasta hace poco que me encontré con él seguía reprochándome al respecto.
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| La bebida |
Para que se hagan una idea de lo que es, le he tomado una foto al costado de mi teléfono móvil para que se hagan una idea del tamaño. Debo decir que lo recuerdo más rico de lo que lo he probado hoy, a pesar que sigue siendo el clásico tallarín anti camisa blanca: jugoso, con buena cantidad de carne y sus toques de ají verde que le dan su je ne sais quois ( su «yo no se qué» para los que no saben francés, todo gourmet trucho tiene que dársela de políglota con frases así 😉 )
Los fideos son al dente pasados por mantequilla antes de mezclarlos con la carne saltada lo cual le da su sello particular, aunque ahora sea un general difundido en varios lugares. Como no podía cambiar el menú del recuerdo pedí una gaseosa de «sabor nacional» para hacer la faena completa.
Al final mi viaje al pasado con la sapiencia del presente me costó S/. 14.30 y me fui sabiendo que volveré.
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| El local |
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