>almorzando en "Misso"

by · diciembre 1, 2011

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El sudado de chita

Hubo alguna vez un excelente restaurante que se llamaba «La cocina de Darío».  Estaba ubicado en la av. Petit Thouars, al costado de la famosa casa Marsano, que se convirtió con el tiempo en lo que hoy conocemos por Compuplaza en el distrito de Miraflores.  Y era excelente en todo el sentido de la palabra por su comida, su atención  y sus ambientes que hacían las delicias de muchos comensales incluyendo aquí a su servidor, para el cual tenían uno de los mejores pulpos al olivo de Lima.

La limonada

Pero el tiempo pasa y como todo en esta vida, el restaurante entró en reestructuración para nunca más volver.  Hoy, caminando por la zona, descubrí que el local había reabierto pero bajo otra administración y otro nombre : «Misso».

El ambiente sigue siendo amplio y agradable, abierto al público, aunque el color de las paredes no es mi favorito.  Digamos que el rosado en las paredes, por más sutil que sea, siempre lo relacionaré con el baño de las niñas.  Pero bueno, la estructura es lo suficientemente íntima como para ir con los amigos y sentarse en esas lindas sillas y comer sobre esas preciosas mesas.  Cuenta con una pequeña terraza donde se pueden hacer más amenas las comidas en un día soleado.

Me llamó la atención que tuvieran menú, pero bueno, al enterarme que era nueva administración, digamos que la sorpresa ya no fue tanta.  Por S/.16.00 ofrecían entrada, plato de fondo y bebida, que por estar en un sitio que me traía tantos recuerdos, no lo pensé mucho y acepté.

El tallarín saltado

Como eran casi las 2:00 pm, tuve que conformarme con la entrada que quedaba, que era una ensalada con trozos de pollo y papas, la cual no me gustó porque estaba desabrida y tenía poco color.  En verdad no hay nada excitante en comer pollo y papas sancochadas en trozos, con lechuga y arvejas, mezclados con un casi inexistente aliño por más fideo frito que le pongan de adorno, y peor aún si no estás en dieta.  Pero en fin, c’est la vie.

Ya andaba medio decepcionado con la entrada, así que me esperancé con que el plato de fondo cambiara en algo mi parecer acerca de que me había equivocado garrafalmente de sitio para comer.  Y como lo que había pedido era algo a lo que hace tiempo le tengo antojo, no quería más decepciones.  Pero el destino estaba empecinado en demostrar que mi esperanza era totalmente fatua.  Cuando llegó el tallarín saltado que pedí, tuve un atisbo de mejora porque de presentación se veía más o menos, con trozos de lomo en cubos dispersos entre los fideos, pero el olor me decía que algo andaba mal, ya que era más fuerte el olor del sillao que el de la carne y cuando dí el primer bocado lo comprobé.  La carne estaba suave pero había sucumbido al sabor del sillao quemado, las pocas cebollas estaban caramelizadas pero era como si las hubieran mezclado ya en el plato con las carnes, al igual que los tomates y los ajíes; teniendo ante mí un plato en el que parecía que los ingredientes eran los correctos solo que cada uno iba por su lado sin llegar a formar un todo.

La ensalada

Era el fin.  Del restaurante que quería que fuese ya no quedaba nada. Y fue tal vez en ese arranque de desesperación, que le pregunté a la moza  cuál era su mejor plato, a lo que ella me respondió después de una larga cavilación que pidiera el sudado de chita.

Como me dije que no tenía nada que perder lo pedí, y cuando lo trajeron, trajeron un plato que  debo decir estaba bueno pero no espectacular, que es como debe ser cualquier plato que se jacte de tener una chita en sus filas.  Me parece que abusaron un poco de la chicha de jora que suelen ponerle para darle cuerpo, y del tomate, ya que el jugo del sudado estaba un poco ácido.  La gracia me costó S/. 35.00.

Es probable que haya ido en un día malo, que los suele tener cualquiera, teniendo en cuenta que el restaurante tiene recién 3 meses.  Lo único que queda es esperar que mejoren.

Ver Misso en un mapa más grande

Discusión3 Comments

  1. guycito dice:

    >Misso está misio.

  2. Gourmet Trucho dice:

    >Si, a veces el recuerdo puede más que la realidad

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