El regreso del Gourmet trucho, visitando La Botica
Después de unas largas y reparadoras vacaciones, en las que nos propusimos una sola y absoluta misión – no hacer nada – regresamos con las pilas recargadas y los ánimos al tope para realizar nuevas aventuras culinarias gastronómicas, y hablar de aquello que tanto nos gusta: la buena sazón.
Pensaba comenzar esta crónica enumerando cada uno de los éxitos que nos ha dejado el recientemente finado 2012, un año realmente fabuloso, pero como lo nuestro no es el autobombo, eso se lo dejamos a los políticos y los sobones que quieren empernarse en sus cargos, les diremos solamente que si el 2012 fue bueno, este 2013 se percibe mucho mejor.
Y dentro de esta filosofía, la de ver las cosas con una óptica positiva, está nuestro buen amigo Miguel Hung, director del Método Silva en el Perú, quien también es un buen gurmé , un virtuoso músico, y un cocinero excepcional. Gracias a su buena vibra y mejores contactos, conocimos «La Botica», un bar muy bonito y acogedor, pensado y decorado para que te sientas en aquellas antiguas tabernas de las que quedan ya pocas en Lima.
Este bar, ubicado en la av. Petit Thouars, en pleno distrito de San Isidro, destila peruanidad por todos lados. Los tragos emblemáticos están hechos a base de nuestro pisco, y los piqueos son nuestros platos criollos de aquellos. Como éramos nuevos, y habíamos ido en carro y no en la bicicleta Dahon, que se ha convertido en nuestro vehículo para las incursiones, tuvimos que obviar los tragos y concentrarnos en los piqueos.
Pedimos de arranque el cau cau, que como saben es un plato que me encanta, unas mollejas, que aquí se llaman «Mollejas de mi suegra», y, para no perder la costumbre de bar de antes, las infaltables hueveras fritas. Promedio por plato de S/.17.00
La atención es muy buena, siempre dispuestos a explicar las bondades de los platos y los tragos, el tiempo de espera el correcto, ni muy rápido ni muy lento, estando las mesas bien ubicadas, dando el espacio que uno necesita para disfrutar de un momento de relajo despues de un duro día de trabajo.
Y es que el mérito principal de este bar, muy aparte de los buenos tragos y excelentes piqueos, es ese aire familiar que tiene, con fotos en blanco y negro colgando de las paredes, una decoración que hace referencia a ese tiempo pasado que siempre será mejor, y anfitriones alegres dispuestos a contar una buena historia.
Pero vamos a lo nuestro. El cau cau, muy bueno, buenos trozos de mondongo, acompañados por la exacta cantidad de papa, y condimentados lo suficiente, dan como resultado una delicia de aquellas. Lo que me encantó fue la textura del mondongo, que es en lo que fallan normalmente la mayoría de platos que ofrecen este plato. El pan remojado en el jugo es algo que no deben perderse.
Las hueveras fritas estaban ricas, aunque fueron opacadas por los otros platos. A mi gusto les faltó un poco de sal y crocante para estar espectaculares, pero estaban muy lejos de disgustarme. La salsa de cebolla con tomate hacía muy buen contrapunto.
Pero para mí, el plato sorpresa de la noche, fueron las mollejas de mi suegra. No había probado unas mollejas tan sabrosas y suaves. Con sabor a seco, en boca dispara los sabores a todos lados. Es como esos platos que suelen preparar las abuelas, que uno no sabe que tienen, pero son tan ricos!!!
Que tal cara de nuevos debíamos tener, que uno de los dueños nos invitó gentilmente un shot de pisco para que sintiéramos la diferencia, y vaya que la experiencia pasó de buena a excelente. Los piqueos, que si bien solos son muy ricos, acompañados de un buen trago se vuelven una experiencia religiosa. Hagan la prueba y me cuentan.
Miguel, ya un comensal recurrente, me recomendó pedir el sánguche de panceta, que viene acompañado con una salsa encebollada de mostaza dulce. Apúntenlo en su agenda y pídanlo, está de campeonato. El dulce no opaca el característico sabor de la mostaza, si no que más bien intensifica el sabor de la grasa de la panceta, que es altamente adictivo. Es un orgasmo de sabores metido dentro de un pan. El costo S/10.00
Los que leen normalmente este blog, saben que una buena comida siempre debe terminar con un postre. Y como esta no podía ser la excepción, pedimos guargüeros. Solo les diré, que si no los han probado, deben ponerlo en la lista de los postres que deben probar antes de morir. El costo por guargüero S/5.00.
Debido a que ya cerraban el local, tuvimos que irnos, no sin antes dar un gran suspiro de resignación, y apuntar en la agenda que debemos regresar de todas maneras 🙂
Ver La botica en un mapa ampliado |
Acceso para discapacitados = SI
[puntaje]Ubicación = 10[/puntaje]
[puntaje]Estacionamiento = 7[/puntaje]
[puntaje]Ambiente = 9[/puntaje]
[puntaje]Atención = 9[/puntaje]
[puntaje]Comida = 9[/puntaje]
[puntaje]Precio = 8[/puntaje]














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